Cuando las personas se ofuscan…

Paseaba pensativa y triste. ¿Cómo puede cambiar una relación en tan sólo un instante?

Todo empezó de la manera más absurda. Le había acompañado a comprar un bolso para su novia. Estaba preocupado, porque ni le gusta ni se le da bien. Estando en la tienda, se empezó a escuchar algo de jaleo. Una señora estaba protestando porque el día anterior se había llevado un bolso y no se había dado cuenta de que estaba roto. Había venido a cambiarlo, pero se olvidó el ticket y la dependienta, le dijo que sin ticket, no se lo podía cambiar, la señora se volvió y se encontró de cara con un hombre, que le dijo:

– No hay derecho, uno gasta su tiempo, ya podrían tener un poco de consideración.

– Se me ha olvidado el ticket

– De veras no cree que no saben que ese artículo es género suyo. Vamos señora, somos sus clientes, tenemos derechos.

– Ya, pero es que la chica me ha dicho qué sin el ticket…

– Bueno, claro, pero digo yo, que una tienda tan importane como esta con tantas sucursales debería tener una mejor respuesta. ¿O es que acaso prefieren que vayamos a comprar a otra tienda? 

Por allí cerca había más personas que se habían empezado a acercar al ir oyendo la conversación. Empezó a subir un murmullo. Mi amigo estaba entre ellos.

Me decía, “la verdad es que no hay derecho, imagina que me pasa eso a mi, vamos, yo ni loco me voy sin cambiar el bolso.”

Le miré de hito en hito. “Hombreee, si traes el ticket, no pasa nada, te lo cambian.”

-¡Mira! – me dijo exaltándose más – todos somos trabajadores, deberíamos ayudarnos y no pisarnos. Esta tienda tiene mucha pasta, que ponga los medios, que proyecte un plan a seguir, pero que no dejen que es señora tenga que venir más veces.

Mientras nosotros hablábamos, el ruido era mayor. Había una chica, recién contratada, tenía un contrato por seis meses y no sabía como reaccionar. Lo peor de todo era qué su jefa no estaba, así que no tenía a quien acudir. La chica se puso nerviosa.

– ¡No se devuelve!

– ¿Por qué no, a ver, no ves que es una norma absurda?

– Estoy haciendo lo que me han dicho, así que no se cambia

El grupo se iba exasperando, cuanto más se empecinaba la empleada en seguir las normas, más se iba enfadando el grupo y más “piropos” le dedicaban. Que si no sabía pensar, que si no sabía decidir, en fin, que esa su actitud, se iban a ir a otra tienda y a esta no volverían hasta que les pidieran perdón

A un lado, un señor contemplaba la escena con una media sonrisa. Observaba con placer, la que se estaba organizando. De éstas, quizá consiguiera convencer al dueño del local, que se lo alquilara a él.

Y mi amigo y yo, pues eso, terminamos enfadados, porque ninguno de los dos, éramos capaces de entender los argumentos del otro. Hubo silencios incómodos, hubo alguna que otra palabra más gruesa y sobre todo hubo mucha ofuscación. Y sí, sigue siendo mi amigo, pero ya, pues ya, no es lo mismo.

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