19 de Marzo de 2008: Empezando de Nuevo

19 Mar 2008

Empezando de Nuevo

Escrito por: Itziar el 19 Mar 2008 – URL Permanente

He repasado lo que he escrito hasta la fecha y me he dado cuenta de que lo estaba haciendo como si estuviera corriendo un maratón, con ganas de contar el final y la verdad, es que cuando me planteé, tener un blog y escribir sobre esto, no era lo que tenía en mente, así que voy a hacer como los canales de televisión, cuando ven que una serie empieza a despuntar y a poner un capítulo resumen, antes de el “gran bombazo” de la temporada.

Así que si alguien ya sabe la historia, que no mire .

Bien, todo empezó cuando Fernando entró en mi cuarto como un vendabal. Yo estaba semi tumbada en la cama de abajo de mi cuarto (tenía literas), leyendo tranquilamente un libro. Lo primero fue que según se sentó, Mini, mi gata más joven, entró con paso marcial, se subió a sus rodillas, puso sus patas delanteras en la pechera de Fernando y con la nariz pegada a la suya, soltó un indignado “miaaaouuu”. Mi amigo se quedó pasmado y sin atreverse a moverse y sin casi mover los labios, me preguntó, “¿qué le pasa a tu gata?”. Yo que me estaba partiendo de risa le dije que era que seguro que había pasado por su lado y no le había dicho nada. Fernando, ante su estupor, la saludó amablemente y la gata, tras ronronear y regalarle un arrumaco, se bajó y salió por la puerta con la cola bien en alto. Mi amigo no se lo podía creer.

Así que cuando se centró en mi y me soltó a bocajarro lo que le estaba rondando por la cabeza me pilló todavía con la mente en la gata.

“¿Has pensado alguna vez qué es lo que quieres vivir y experimentar de verdad?”, me quedé mirándole algo alelada, “no” le respondí, creo recordar que acompañado de un “todavía”. La conversación giró hacia otros derroteros hasta que se fue.

Entonces la pregunta volvió con fuerza. ¡No! dije mucho más firme, no lo había pensado, pero ya iba siendo tiempo en que lo hiciera. Entendámonos, no es que no tenga sueños, de esos tengo como cualquiera, pero planteada la pregunta de forma tan cruda, la respuesta que se me antojaba era “No tengo ni idea”.

Después de comer, me eché un rato la siesta, pero cosa rara en mi, que no tengo yo problemas para dormirme sin pensar en lo que no quiero pensar, no hacía más que dar vueltas y más vueltas. ¿Me quería pasar toda la vida en una oficina? Me asomé a la ventana, y apoyándome en mis manos me quedé mirando las montañas de al lado de mi casa. La mente estaba perdida y trabajando por su cuenta. ¿Qué me gustaría hacer?

A mi siempre me ha gustado mucho mi trabajo, o mejor dicho, siempre me he podido adaptar sabiendo sacar lo positivo en cada situación, pero de ahí a pensar que me iba a pasar toda la vida haciendo lo mismo, o mejor dicho, todo el día metida en una oficina, ya me parecía excesivo. Así que una vez abierta la puerta, no había modo de cerrarla.

¿Qué es lo que yo quería hacer? Viajar. Pero no quería viajar en plan vacaciones o turista, sino que quería vivir viajando. Ya sé que puede sonar raro, pero ya iréis viendo a qué me refiero a través de mis escritos.

Cómo todo plan, tiene cosas a favor y cosas en contra. Al principio era una especide hobby, mientras iba a trabajar imaginaba qué necesitaría para hacerlo, cómo ir solventando los problemas poco a poco.

Una de las cosas que me preocupaban y que me condicionaban un montón eran las gatas, no es que no pudiera, que no podía, dejarselas a mis padres, es que además no quería. Así que si me iba, tendría que ser con ellas, así que eso me limitaba el que fuera en plan mochilera. Cómo encontré una buena oferta por un Land Rover de segunda mano, me lo compré sin pensármelo mucho. Hecho eso me di cuenta de que ya había empezado mi aventura. Todavía no les había dicho nada a nadie, pensaban que era una excentricidad mía, aunque ellos no se imaginaban de cuanto.

Mi tío se sorprendió muchísimo cuando le ofrecí cambiar mi “maravillosa” tienda de campaña para seis personas por su “Iglú” para dos, pero accedió gustoso. Los fines de semana subía a las gatas a La Patata (nombre con el que bauticé al coche) y las llevaba a la montaña, al principio era todo un suplicio, porque no hacían más que maullar, pero poco a poco se fueron acostumbrando. Les fui colocando una cama y un hasta les habilité un cajón de arena. Cierto es que se querían venir conmigo, pero desde que descubrí que si tenían acceso a mirar por la ventana, se tranquilizaban algo más, que los maullidos bajaban en intensidad y en número y poco a poco se fueron acostumbrando. Así, empecé a llevarlas a excursiones más largas. Luego si parábamos en algún paraje sin gente, les dejaba salir del coche, al principio con la correa y según lo repetimos hasta sin ella, y se subían a los árboles o jugaban a perseguirse. Para llamarlas, no tenía más que silbar, y luego darles de comer, su comida capricho.

Casi con esto, ya había avanzado muchísimo en mis planes, me faltaba cerrar el tema económico antes de presentar mis planes como hechos a mi familia y amigos. Sabía que o me iban a querer parar los pies o que se iban a enfadar y no estaba por la labor ni de lo uno ni de lo otro.

 

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