Ayer…

Ayer, tenía muchas ganas de escribir. No me encuentro muy bien (será el tiempo), así que he estado tirada en el sofá, casí todo el día. Reorganizando mis “cosas”, mis planes, en fins, pensando mucho, actuando menos. Pero por la tarde noche, cuando José Carlos soltó la bomba en La Comunidad, me quedé helada.

22 años, qué decir cuando alguien muere tan joven. Qué decir, cuando sabes lo que está pasando esa familia. Qué decir, cuando esta muerte es injusta, inútil. No corría demasiado. No iba bebido. Sólo volvía a casa de un partido de baloncesto. Y llovía. Pilló una bolsa de agua. Fatalidad, sí, pero irresponsabilidad también. Porque en ese kilómetro de esa carretera, ya han caido muchos. Porque es uno de los puntos negros de esa carretera. Esa carretera en la que se han gastado tanta pasta, pero que no han arreglado ninguno de los tres puntos negros que tiene. Es una carretera engañosa, que da sensación de seguridad, de que se puede correr en ella, pero si no la conoces bien, es muy peligrosa. Vamos, lo es hasta conociéndola.

Pero no me voy a extender en esto. No es ese mi pesar, ese es mi cabreo. Mi pesar, es por sus padres, que si no lo entiendo yo, mucho menos lo van a entender ellos. Ese pesar es por ese hermano, tan joven, tan valiente, que está sacando de tripas corazón, imagino que para ayudar a sus padres, sobre todo a su padre. ¡Qué manía con esto de protegernos los unos a los otros!, qué peligroso. Es mejor, llorar, es mejor no hacerse el fuerte. Los sentimientos están ahí, no hay que avergonzarse de sacarlos.

Una muerte tan absurda, tan estúpida, tan injusta, siempre nos destroza. Nunca sabe uno cómo reaccionar. Ni que decir, si consuelas o estorbas. Lo más seguro es que aprecien el cariño, pero les agoten las muestras de éste. A mi se me han quitado las ganas de escribir, de jugar. Sólo quiero acurrucarme en mi sillón, con mi mantita. Hoy hecho más que nunca de menos a mi gata. Hoy quisiera más que nunca que mi chico estuviera aquí, abrazándome y consolándome. Ayer, era ayer… y hoy es hoy, y la desgracia viene cuando menos te la esperas. No hay nombre para un padre o una madre que pierde un hijo. A esa conclusión llegué cuando escuché a mi abuela hablar de la muerte de mi madre. Yo era huérfana, pero… ¿y ella?…qué nombre recibe ella, tras esta desgracia, ¡ninguno!, ¿por qué?, porque no somos capaces de soportarlo, ni siquiera de pensarlo. Así que ahí me quedaré, echa un ocho, en mi sofá, con mi manta, mi tristeza, mi impotencia y mis lágrimas. Quiero gritar, pero no me sale la voz, quiero romper algo, pero ¿qué?, quiero tener delante al responsable de que esa carretera no se haya arreglado en condiciones. Y así, voy rumiando mi rabia.

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7 comentarios en “Ayer…

  1. Hola wapa, aún si hoy no parece el día – y desde luego tampoco lo es – lo que tenemos que aprender todos ante este tipo de hechos es vivir la vida. Todos los días. Que nunca tenemos que pasar un día sin mostrar nuestro cariño a nuestros queridos, que tenemos que hacer a lo máximo lo que queremos cuando queremos, que la vida se puede acabar en cualquier momento.

    Llora mi niña, hoy, llora mi gran amiga, mañana cuando te levantas sabrás todavía más que la vida es para vivirla.

    Y dile a tu chico que se vaya corriendo a Madrid, que le necesiats, que una maravillosa pareja como vosotros merece, pide, exige, tiene que estar unida cuanto antes.

    Y mira que eres fuerte, yo no hubiese sido capaz de escribir lo que tú has escrito hoy.

    Te quiero.

    Mil besos,
    Kristian

  2. Hola Nynaeve,

    La muerte siendo tan joven es una injusticia.No hay mayor dolor que el perder un hijo y lo peor es que se debe seguir viviendo. Lo único que podemos hacer es acompañar, aunque sea en silencio y compartir el dolor de quien ha sufrido esa pérdida.

    Solo te diré que es natural sentir empatía por esa familia, pero que debes pensar en tí misma y mantener la ilusión por tu propia vida. Así que llora, porque es bueno llorar, pero luego seca tus lágrimas, levántate y a ponerte en marcha. Tu vida sigue.

    un beso muy fuerte

  3. Kristian, Naroki, Lola y Catorceabril,

    Hola, muchas gracias por estar ahí. Hay veces que una siente el corazón encogido, que tiene que soltarlo de algún modo. Mi primera opción era salir al jardín, a la calle y gritar, pero aunque tengo pocos vecinos, podía ser “la bomba”, así que poco a poco se fue creando una basurita de desesperación y tristeza en mi alma, que al final conseguí expulsasr con este escrito.

    Me tranqulizó más oir a Johnny más sereno ayer tarde noche, aunque él mismo me dijo que vivía en un tobogán emocional.

    También que sé que hoy, les voy a dar un abrazo, a Johnny, a Evita y al hijo de ambos. No conozco a la madre del chico, Peli me ha encargado que le de un abrazo, pero aunque lo intentaré, no sé si me atreveré.

    Besos a todos, por apoyarme y por estar conmigo…

  4. Quedate con que tu puedes abrazarlos y darles el cariño que a todos nos hubiese gustado. Hay cosas que nos tienen que doler, porque son dolorosas, porque son injustas, porque le pasa a gente que queremos y no es malo estar triste por ello. un besito

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