12 de Febrero de 2008: Hogar viejo, hogar nuevo…

12 Feb 2008

Hogar viejo, hogar nuevo…

Escrito por: Calor de Hogar el 12 Feb 2008 – URL Permanente

 

La sala era acogedora, ni muy grande ni muy pequeña. Casi parecía salida de un cuento. Con su chimenea y el fuego encendido, el sofá, una luz ambiente, la mecedora, la alfombra, el perro, la gata, los niños, el abuelo leyendo un cuento, todavía riéndose del rato que habían estado buscando sus gafas, hasta que dieron con ellas en el aparador, ¡¡¡dónde iban a estar mejor!!!, la abuela en la mecedora, con el periódico, pero se nota que no sólo lo está leyendo, sino que también está escuchando, porque la sonrisa va pareja a la del resto de la escena. No había televisión, solo una radio, de allá en los tiempos de matusalén, vamos de cuando surgieron por primera vez.

El estilo de los muebles era rústico. No de un rústico moderno, nooo, era rústico porque así los habían comprado hacía muchíiiiiisimos años, mis abuelos. La casa desprendía calor de hogar, por todas partes. Sobre todo en la cocina, donde, todavía estaba la cocina de leña. Era como volver a principios del siglo XX. Yo todavía podía recordar como la gata dormía encima del perro, mientras éste movía el rabo feliz.

Por todo ello a mi me encantaba ir a casa de mis abuelos. Era como hacer una excursión al pasado. Su casa estaba algo retirada ya de la aldea, así que uno tenía la sensación de estar perdido por algún rincón del paraiso. Rodeado de montañas, del valle y el riachuelo. Aquello era libertad pero como siempre con mis abuelos, también implicaba responsabilidad. Siempre nos hicieron trabajar mucho. Bueno, eso decía mi hermano, pero la verdad, es que haciamos las camas y ayudábamos a limpiar. Aunque lo más divertido era recoger leña y ayudar a la abuela a partirla. También aprendimos a cocinar y eso sí que fue todo un lujo, porque aprendimos en una cocina de leña. Hacíamos pan, pasteles y los preferidos del abuelo, buñuelos.

Aquella casa representaba un lugar de ensueño, mágico, que conseguía ser mi refugio aún ahora, pasado los años. Y por eso mismo, decidí que si en algún sitio podía sanar la herida de mi hija sería allí. Tampoco les haría ningún daño a sus hermanos. Quizá en ese entorno, pudiéramos reencontrarnos con nosotros mismos.

Mi ex no estaba muy convencido, pero la desesperación de ver como nuestra hija se autodestruía ayudó y mucho a que aceptara mi decisión y sorprendentemente se se convirtiera en una ayuda fundamental a la hora de comunicar la nueva situación familiar.

De hecho fue él el que fue cercando a mis hijos, respondiendo a todas sus quejas y proposiciones y dejándoles sin salida. En su casa no se iban a poder quedar porque él iba a estar viajando mucho. Algún fin de semana si podrían ir y así ver a sus amigos, pero no iba a ser lo más habitual, porque ya avisaba que tenía toda la intención de ser él el que se acercaría a la aldea, para descansar de todo el ajetreo que se le venía encima.

Los niños no se lo podían creer. Su padre les estaba diciendo que saldrían de la casa de los bisabuelos, para ir a pasar “su fin de semana” en la casa rural de la que en ese momento estaban escuchando una entusiasta descripción. Sus ojos como platos no se separaban de su padre, al que parecía que veían por primera vez. Hasta cuando les dijo que en las vacaciones, se podrían ir de ¡acampada!.

Los niños alucinaban y a mi se me escapaba una sonrisa bobalicona que me devolvía al pasado, al ver en ese momento al hombre del que me enamoré. Tanto es así que sacudí la cabeza y decidí centrar mi atención en mis hijos, que era bastante menos “peligroso”.

Claudia, alta, morena con ese rictus de tristeza y amargura que no le abandonaban prácticamente nunca, sólo para dar paso a una rabia atroz, una furia que nos tenía asustados, estaba sentada, separada de sus hermanos, no dijo ni sí ni no, simplemente le daba completamente igual. Sus ojos verdes, apagados, miraban sin ver a su padre.

Gonzalo con once años erea el que menos convencido estaba. Los ojos grises como los de su padre, le miraban con incredulidad, él había cifrado todas sus esprenzas en él, cuando yo les hablé de mi plan y ahora no sabía como actuar. Su cabecita morena, no hacía más que moverse negando en un movimiento totalmente inconsciente.

Celia y Miguel, a sus siete años se miraban entre asombrados, disgustados, esperenzados. No sabían si conocer un paraje nuevo les serviría de suficiente distracción o iba a echar mucho de menos a sus amigos.

Jimena estaba sentada encima de mi. No se perdía ni un detalle de lo que decía su padre. Sus ojos brillaban sólo de imaginar, los grandes planes de su querido papá. Su pelo pelirrojo contrastaba con mi cabello negro, su piel blanquísima con la mía centrina. Su entusiasmo hacía que se moviera más que una lagartija.

Víctor nos observaba a todos mientras hablaba, de vez en cuando intercambiaba una mirada conmigo, cómplice, la mayoría de las veces, triste, tras posar su mirada en Claudia.

Así después de aquella reunión, quedó decidido que nos íríamos un año, de pureba, a vivir a Aldea del Peral, donde la casa de mis abuelos, estaba casi tal cual la dejaron ellos al morir.

 
 

 

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

patita de goma

patita de goma dijo

Hola, muy bonita historia……………bueno, muy bonito comienzo de lo que supongo será un historia, te importa que te pregunte algo?? es que hay un parrafo en el que me he liado:

“Los niños no se lo podían creer. Su padre les estaba diciendo que saldrían de la casa de los bisabuelos, para ir a pasar “su fin de semana” en la casa rural de la que en ese momento estaban escuchando una entusiasta descripción. Sus ojos como platos no se separaban de su padre, al que parecía que veían por primera vez. Hasta cuando les dijo que en las vacaciones, se podrían ir de ¡acampada!.

Pensaba que estaban en la casa de los bisiabuelos y ahí era donde iban a vivir……….y lo del finde en la casa rural………no sé, jeje igual soy yo que hoy toy pelín torpe!!
Un beso

Calor de Hogar dijo

Vaya, me refería al fin de semana que les toca con el padre, que además de estar viajando, en lugar de estar en la ciudad en ese fin de semana, pensaba ir a la aldea a descansar y de este modo los hijos, tampoco volverían a su vida de antes, el tiempo que ellos pensaban, sino sólo de vez en cuando.

Gracias por avisar, Patita, revisaré el texto para intentar arreglarlo. ¿Hay algo más que te parezca lioso?

Patita de goma dijo

bueno, aparte de la vida misma, jeje todo está genial, si me ha encantao, es que no entendía bien lo que querías decir, ahora si!!!
A veces es dificil que los hijos entiendan las decisiónes que tenemos que tomar los padres, y en este caso me parece mucho más dificil cuando al parecer teniendo 5 hijos, se toma por una solo de ellos. ……………quedo a la espera de más
un beso

Calor de Hogar

Calor de Hogar dijo

Bueno, se toma en función de una hija, la que está dañada, pero en la consideración se toma en cuenta que no les va a venir mal a ninguno de los demás.

Un beso

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