Yo no me he emborrachado muchas veces en mi vida. El alcohol me gusta, pero es algo que me prohibieron a los 18 años, y aunque 15 años después, el médico que lo hizo me dijo que era un truco, que si a los 18 años me dice que puedo tomar “un poco” seguro que habría tomado mucho más del que he tomado hasta la fecha. Cierta razón tenía, porque yo no dejé de tomar alcohol por completo, sino que lo dejaba para situaciones muy pero que muy especiales.
Quizá tanto mi educación, cómo el haber sido “cuasi” abstemia, mientras mis amigos se ponían hasta el culo de alcohol, me haya convertido en una espectadora “rara”.
Lo primero es dejar claro que mis dos primeros “pedos” fueron involuntarios y que contaba alrededor de 1 año de edad, ¡qué remedio, parece que casi siempre he sido precoz, y para mi desgracia, me encantan muchas de las bebidas alcohólicas).
Ambos fueron por despiste. Llegó a casa una amiga de mi madre, la mesita del salón era baja. Yo andaba jugando por ahí. Mi madre y su amiga se fueron a ver no sé qué y la muá se pimpló dos vasos de vino tinto. Luego seguí jugando. Mi madre y su amiga volvieron, pensaron que qué rápido se habían tomado sus tintos y se añadieron más. Llegó la hora de que la “niña” se fuera a la cuna, y ¡¡¡¡sí señores y señoras, mi primera pota!!!
La segunda todavía es más prosaica. Y la culpa no sé si la tiene también la religión o la cultura. Veamos, mis abuelos eran muy creyentes, por aquel entonces mi madre, también. Vivíamos en Barcelona, así que en una de las visitas de mis abuelos decidieron subir a Nuria y allí había una terracita dónde tomarse algo… mi abuelo, gran aficionado a la cerveza, también a ir dejando los cascos vacíos al pie de su silla (siempre con algún que otro culín). Así que teníamos a la familia festejando una excursión. A mí que hacía ná que había aprendido a andar y que desde el principio me compraron una correa (advierto que las reivindico, más cómo permitir una libertad mayor que el que te cojan de la mano, pero que ayuda a que si sales corriendo a meterte debajo de las ruedas de un coche, son cojonudas), jugueteando por allí.
Creo recordar que me dijeron hace muchos años, que la costumbre de mi abuelo, estaba extendida, vamos, que no era necesario que yo sólo hubiera repasado los botellines de mi abuelo, sino que posiblemente de todos los que estuvieran alrededor mío.
La familia se dio cuenta, cuando vieron las eses, que hacía, que no eran “tan normales” a un bebé que da sus primeros pasos
.
En fin, que de mayor también he tenido alguno que otro, pero se pueden contar con los dedos de una mano. Y excepto uno, no han sido tan escandalosos cómo estos dos… (claro que a ese yo lo llamaría el mayor pedo de mi vida, jejeje).
Pero hoy en día, el tema no es para tomárselo a risa. El alcohol es un tema serio. No sólo por el número de alcohólicos, ni siquiera por cómo eso afecta a las familias, sino porque cada vez se empieza más joven. La prevención contra el alcoholismo juvenil se nota en la cantidad de campañas:
Y eso que he sido incapaz de encontrar la que más me gusta, esa de “Esto es lo que tú crees que está pasando y esto es lo que de verdad está pasando” y se ve a un joven intentando aparcar un coche…
Ahora bien, ¿sirve de algo la Ley Aznar contra el botellón? ¿Qué no se pueda comprar alcohol a partir de las 10 de la noche?
Creo que no, que es fácil “burlar” algo que ya se conoce. La verdad es que me parece absurdo. Y no ha evitado absolutamente nada. Casi tan ridi, cómo el que no se pueda beber alcohol en Inglaterra durante dos horas después de comer…
Tampoco sé si la solución pasa por desmitificar el tema del alcohol, el no convertirlo en algo prohibido. Ese fue mi caso. Yo recuerdo con cariño mis momentos antes de ir a la playa, cuando mi abuelo, me pedía, en un juego, mi impresión, sobre si la cerveza estaba caliente o fría y a lo tonto, te daba dos traguitos a un botellín. ¿Qué tenía yo cinco o seis años? nunca me dio por beber más a escondidas.
O que cuando todos los adultos, comieran con vino tinto. Con ese color, tan llamativo… lo más lógico, yo quería. Y me daban. Vamos, que me ponían tres gotas de vino y medio vaso de agua. Que según iba creciendo, aumentaba algo el vino y disminuía el agua. Que con catorce años, yo tomaba un dedo de vino en la comida el sábado y el domingo, jamás en la cena… No sé si fue eso, que para mi no era algo “nuevo”, no era algo “prohibido”, que luego cuando salía por ahí, casi me llamaba más la atención tomar cocacola (lo que en casa se llamaba, en palabras de mi abuelo, cucarachas machacadas con pedos de león y cómo iba yo a tomar eso???).
Lo cierto es que no creo que nadie tenga la solución. Cómo siempre, considero que la información, la educación, es la mejor manera, pero si intentas evitar que no experimenten, puedes buscarte/le su propia perdición.
Ya lo digo, todo muy complicado… y contradictorio. Claro que esto lo digo, porque he elegido la misma canción, en dos vídeos diferentes. Siempre me ha gustado, siempre me he reído, quizá por eso mismo, porque yo conseguí desmitificar la situación…
Otra cosa es saber que alguien a quien quieres es alcohólico. Pero hoy no voy a hablar de esto. No puedo, igual que no pude hace dos semanas, hablar de la pérdida de un ser querido… ni por él, ni por la época del año en la que estamos, que para mi es la peor de todas…
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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario
lola-gj47 dijo
Creí que ibas a mostrar el taller y sus artilugios …y son los videos …
johnny-salomon dijo
Mira, no se que me pasa hoy con la tarjeta de sonido que no consigo ver los vídeos. Se queda todo petado. Me pasare otro día. Grrrrrrrrrrr. Un beso.