¿Y a mi qué coño me importa la sexualidad de cada cual?

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Cotilleando por bitácoras, esas recomendaciones que te hacen los amigos, me encontré con la entrada:

Mamá, Papá: soy homosexual. El desafío de franquear la barrera doméstica para un gay o una lesbiana.

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La foto la he tomado de aquí (pincha en ella)

Teniendo en cuenta que estoy de acuerdo con el autor del post, yo a nivel personal, hay cosas que sigo sin entender. Quizá sea porque a mi nunca me han criado como una buena católica. Simplemente me han educado como una ciudadana, que ha de respetar a los demás por encima de cualquier diferencia, ya sea de raza, religiosa o de identidad sexual.

Quizá por eso, yo que soy tan perceptiva en otras cosas, ni me entero, si mi amigo del instituto es o no es homosexual, hasta que me invitó a su “boda” (por áquel entonces no podían casarse). O me entero, cuando mi profesora de inglés se me declara. ¡Coño, me dejó de piedra, pero tan de piedra, cómo cuando se me declaró el tío más tímido que he visto en mi vida! (es que yo sí sabía que le gustaba, me miraba con ojos de cordero degollado, pero jamás pensé que se atreviera a dar el paso.

Lo que quiero decir, es que para mi me es tan indiferente el tema, que ni siquiera soy consciente. Yo que soy una persona intuitiva por naturaleza. Que la gran mayoría de las veces, sé por dónde me van a salir muchas personas en muchas ocasiones. Que me dedico a dar la vuelta a la tortilla en discusiones, sólo por la diversión de ver el comportamiento social de las personas. No reparo, en si alguien es gay o lesbiana. No reparo en si son heterosexuales.

Es cierto que aunque no me criaran de forma religiosa, el poso de nuestra educación es judeo cristiana, querámoslo o no. Por eso digo que sí que estoy de acuerdo con el autor de la entrada, en que nuestra sociedad es una sociedad heterosexista.

Pero yo que entiendo que un hijo es un hijo, y que aunque haya hecho ciertas barbaridades, sus padres los sigan queriendo, los acompañen en sus cárceles, algunos los justificarán, otros simplemente, dirán, “sí, ya sé, no debería haberlo hecho, pero es mi hijo, le quiero y espero que no lo vuelva a hacer” y están ahí, por si pueden ayudarles. (Y esto hablando de lo que muchos llamarían la escoria de la sociedad, que es lo que estoy poniendo de ejemplo) y en cambio, haya padres que teniendo hijos que son unos soles, sólo por el mero hecho de no entender que su identidad sexual es diferente puedan llegar a hacerles tanto daño. Unos insultando, otros compadeciéndose, otros condenándolos al ostracismo. Ni te cuento, cuando “es que estás enfermo y hay que curarte”.

Simplemente no lo entiendo. Por más que lo pienso, sigo sin entenderlo. Quizá es que yo sea una ilusa, pero es que yo creo que a los hijos hay que dejarlos ser ellos mismos, que estamos para ayudarlos, a crecer en su propia libertad, que son “nuestros hijos”, pero ellos son dueños de su propia persona.

Si siempre he tenido esto claro, hay una anecdota que tengo clavada y que me recuerda, esto último que he dicho. Yo me llevo con mi hermano catorce años. Desde bebé era muy rubito, casi no tenía pelo, y a los dos años, nos decidimos a seguir el consejo de mi abuela y cortarle la pelusilla que tenía a ver sí le crecía más fuerte. ¿Quién se iba a imaginar, que un moco de dos años ya tenía conciencia de su aspecto físico?. Se pasó llorando toda la tarde… “mi peoooo” decía con una voz desgarradora, que nos generaba un sentimiento de culpa tanto a mis padres cómo a mi. Un desconcierto de ese descubrimiento. No hubo manera de acostarle, se durmió sentado apoyado en mi padre y aún dormido hipaba y se tocaba la cabeza.

Aprendimos después de eso, a respertarle, a hablar con él, cuando tocaba cortarle el pelo. ¿Tan difícil es entender, que tu hijo no ha de ser igual que tú, que lo único que importa es el respeto y el amor?

En fin. Lo siento, sigo teniendo pendiente el tema del Fascismo (no ha sido mi mejor semana) y el tema del relax, no me inspiraba. Y cuando he leído ese post, me he indignado.

No soporto a los que van de buen cristiano, buen ciudadano, y son capaces de semejantes barbaridades, por no saber respetar a quien es diferente a ti, sobre todo, en tu propia familia.

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