
… pos sí, no iba yo muy desencaminada en mi post anterior y aquí estoy guerreando al día siguiente
Y la cosa no tiene mucha ciencia, hace cierto tiempo decidí que eso de quejarse sólo en la barra del bar, pegarle cuatro gritos al trabajador de turno, que muchas veces tampoco tiene la culpa, no sirve de nada, si no dejas la quejar por escrito. Así que cuando ha sido menester, con voz dulce y siempre cuando voy a pagar, pido la cuenta y la hoja de reclamaciones. Hasta la fecha, por increible que pudiera parecer no había llegado a rellenar ninguna, dado que eso depende en gran medida de la “respuesta” que se me dé al pedir la hoja “bendita hoja”.
Pero es que hoy me han tocado la moral. He entrado a un bar, sólo porque necesitaba ir al baño. He pedido un café y cuando he visto que tenían donuts, (que son una de mis debilidades), lo he pedido. Contaba con que estuviera algo duro, aunque cuando le he dado un mordisco, he pensado que más que del año pasado, era del siglo pasado. La casualidad ha querido que le diera la vuelta y he visto que tenía moho. Así que he ido al camarero, que sin decir ni pío me ha dado otro. Otro con fecha de caducidad 28 de diciembre de 2009. Así que se lo he devuelto amablemente y el camarero diligentemente lo ha vuelto a poner en la bandeja para vender, sin siquiera mirarme.
Mi amiga, se ha quejado de que ni siquiera se hubiera escuchado un “lo siento” y al ver que lo volvían a poner a la venta, ha comentado que se merecerían una queja.
Cómo cuando he ido al baño, aquello recordaba la gasolinera más cutre de hace 2o años, al final no he podido hacer nada (vamos que ni a entrar del todo me he atrevido). Me he terminado el café y cuando me he visto con fuerzas para seguir, he ido a pedir la cuenta y para sorpresa de mi amiga, me ha oído pedir la hoja de reclamaciones.
- ¿No me digas que pretendía cobrarte el donut?
- No, pero si no queda registro, le dan un donut en mal estado a otro.
El camarero ha dicho que sí, por supuesto, pero luego ha llamado a su jefe, que me ha preguntado por y para qué quería la hoja de reclamaciones. Lo cierto es que aunque no lo pareciera, yo sí estaba con algo de mala leche, y por un sólo momento, he estado a punto de decirle que porque era mi derecho y mi deber y no dar más explicaciones. Pero al final, le he dicho todo, baño y donut…
Cómo me ha visto decidida (o sería por el policía nacional que se estaba tomando un café en la barra), ha dicho que sí por supuesto y luego ha tardado más de un minuto largo en aparecer con la hoja.
Lo primero, que me ha hecho mucha “gracia” o sea ninguna, es que le tienes que dar sí o sí, tus datos personales a la persona que denuncias, no me importa dejar mi nombre y el DNI, pero no me hace ninguna gracia tener que dejar mi dirección (¿y si está loco?). ¿Cómo me protege de eso, la ley de protección de datos? que el organismo al que va la queja es de la administración y la administración tiene de sobra unido mi DNI con mi dirección, leñe…
Lo segundo es que el “buen” señor ha tenido a bien, mientras yo escribía la queja, mandar a que limpiaran el baño y cuando se la he dado me ha pedido que le acompañara al baño, para, bueno, no sé para qué, realmente, dado que ya le he dicho, que puede decir misa, si estaba guarro lo estaba por mucho que lo haya limpiado, igual que si han retirado los donuts, tras mi queja, los podían volver a colocar tras mi marcha.
Ha pretendido poner en mi queja, que no era cierto lo que yo estaba diciendo, a lo cual le he dicho, que eso no tenía sentido, que seguramente él podría alegar cuando le llegue el inspector y que yo también.
Las hojas de reclamaciones están numeradas (ésta en este caso a boli, así que no sé si es oficial o no), pero cómo soy yo, la que lo tengo que mandar, si ha pretendido hacer trampa, se verá en un problema. Si no es así, aunque un inspector las mira, no creo que vaya nadie a molestar, si el que reclama no manda finalmente la queja.
Con eso quiero decir que a veces no es necesario llegar a que puedan tener un problema serio, aunque se lo merezcan. Nunca antes había entrado en ese bar y no tengo ni idea si lo de hoy ha sido un descuido.
Pero lo que sí me jode es que me quieran hacer pasar por tonta y cuando no cuela, llamarme mentirosa. Y sólo por eso, porque ya denota, falta de principios, por parte del dueño, la queja seguirá su curso.
Lo que ahora me estoy preguntando, es que cómo he entrado en ese bar, justo a la salida de la Euskal Etxea de Madrí
dónde acababa de pedir información, entre otras cosas, que me dieran un correo correcto al que solicitar datos sobre los cursos presenciales de euskera, dado que no me habían respondido a ninguno de mis correos, solicitando información (me da que está desactualizado… pero si ellos no cuidan el euskara
¡¡¡quíen coño lo hará!!! ), cuando vuelva por allí, no sé sí volver a entrar (principalmente para ir al baño, con la cámara de fotos, tal y como ya le he dicho al que ha intentado insultar mi inteligencia), cuando vuelva por allí.

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